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miércoles, 22 de abril de 2015

LA SABANA SANTA DE TURÍN TESTIGO DEL CAMINO DE JESUS HACIA LA CRUZ

      Con motivo de la sustentación o exposición de la Sábana Santa en Turín, contina la publicación del interesante trabajo de nuestro colaborador Javier Romero Picazo. Trabajo que quedo interrumpido durante la Semana Santa y las primeras semanas de Pascua.

Jesus Condenado de Caceres

TIPOS DE CURCES EN ROMA
      En la época romana, se empleaban varios tipos de cruces según las circunstancias. La llamada infelix lignum era simplemente un tronco de un árbol sobre el cual se ataba o se clavaba al reo de muerte. La cruz simplex, era un tablón de madera de unos 2 o 2,5 metros de longitud y 50 o 60 centímetros de anchura, donde también se ataba o se clavaba al reo. Y por último la cruz latina, o cruz immisa, es la que se empleó para la crucifixión de Jesucristo. Se trataba de un madero llamado patibulum, que se colocaba en su parte superior de un madero clavado en tierra, llamado stipe. En el que Pilatos manó colocar el motivo de la condena: Jesus Nazareno Rey de los Judíos (INRI).“Y pusieron sobre su cabeza la acusación contra El, que decía: Este es Jesús, el rey de los judíos” (Mt 27,37).

Tras ser azotado Jesús es presentado por Pilatos al pueblo:
Volvió a salir Pilato y les dijo: mirad, os traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilatos les dijo: Ecce homo” (Aquí tenéis al hombre) (Jn 19, 4-5).
Y después de haberse burlado de Él,-dice el evangelista San Marcos-, le quitaron el manto, le pusieron sus vestiduras y le llevaron a crucificar”. (Mc 15, 20).
Tomaron pues a Jesús y él cargado con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se dice Gólgota, y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en medio. (Jn. 19, 16-18).

Normalmente, las representaciones de Jesús camino del Calvario lo muestran, llevando una cruz latina completa. Sin embargo tanto el stipe y el patibulum suponían un enorme peso difícil de ser soportado por alguien en situación de extrema debilidad después de haber sido sometido al castigo de la flagelación.
Aún cuando en los evangelios no se cita ninguna, es probable que Jesús tuviera varias caídas en el trayecto hasta el Calvario, situado a las afueras de Jerusalén.
Si observamos la Síndone podemos apreciar las lesiones producidas en las rodillas, sobre todo en la derecha, que presenta numerosos desgastes de diferente tamaño y aspecto. Las zonas más dañadas fueron las que recibieron el golpe directo, con el suelo, es decir las rodillas y la cara.

Es posible que Jesús llevara el patibulum a hombros, colocado transversalmente de forma que el centro se apoyaba en la nuca y en los omóplatos. Pese a que, según el texto bíblico, Jesús iba vestido con su túnica, al caminar con un madero encima, los movimientos provocaban un roce constante sobre las heridas abiertas por la flagelación.
Otro dato que conocemos por el texto de los evangelios es que la guardia romana designó a Simón de Cirene para que ayudara a Jesús a cargar con el madero.
Este nuevo tormento al que fue sometido Jesús mantuvo la hemorragia. Las heridas provocadas por el madero sobre los hombros pueden apreciarse en la Síndone donde en el omóplato y el hombro derecho aparece una zona terriblemente magullada y contundida, nítida en su centro pero con bordes que se desdibujan poco a poco.
El madero también rozaba sobre la nuca, sobre todo en la parte posterior de la corona de espinas. Esta zona fue muy lesionada durante la crucifixión, y desde luego sufrió castigo durante el recorrido de aquellos 600 metros, que le separaban del Gólgota.
Jesús llega a la cima de la colina del Gólgota desfallecido. Con la mirada turbia, ve en su alrededor a su madre María, a su discípulo amado, los soldados romanos, y a los curiosos, que mal o bien intencionados, contemplan atónitos aquella escena cruel. Observa también los tres stipes verticales de las cruces esperando erguidos su patibulum horizontal, y al reo. El suyo está en el centro. Nuestro Señor es testigo mudo de su propia tragedia. Le desnudan de nuevo, para proceder a clavarlo en la cruz.