Páginas vistas en total

domingo, 18 de octubre de 2015

CRUCIFICADO - ZURBARAN


Imagen.- Cristo en la Cruz.
Autor.- Francisco de Zurbaran.
Fecha.- 1.627
Técnica.- Óleo sobre tela.
Lugar donde se encuentra.- Instituto del Arte de Chicago (Estados Unidos)

      En el año 1627, Zurbarran vive en la ciudad de Sevilla, ese año realiza la imagen del Señor Crucificado, con el que va a ser objeto de una gran admiración en el Consejo Municipal de la ciudad, hasta el punto de que solicita al pintor que fije su residencia en la ciudad. Además gracias a este Cristo, Zurbaran va a conseguir el apoyo del Cabildo sevillano, que le va a abrir las puertas del Gremio de los pintores de la ciudad, entrando a formar parte de ellos, sin tener que realizar, como era habitual un proceso de aprendizaje, ni la ejecución de una obra para ser examiada por este gremio. Por lo que podemos afirmar que nos encontramos ante una de las primeros éxitos de Zurbaran contemplando este Cristo Crucificado. 

        Cristo aparece muerto en la Cruz, una cruz rústica, sin adornos, sobre un fondo negro, en el que tan sólo destaca la figura del Señor, fondo que nos recuerda a Caravaggio, y sobre el que proyecta un foco de luz lateral que hace resaltar el cuerpo del Señor, su piel blanca, mortecina, la piel de un cuerpo exánime, muerto, yerto. El cuerpo de Cristo es un perfecto estudio de la anatomía del cuerpo masculino, que se podría comparar con el famoso Cristo de Velazquez ya que en los dos se plasman las normas académicas en cuanto a las proporciones de los dos.  

       A pesar del trágico momento que nos transmite Zurbaran, la imagen de su Cristo nos transmite una gran paz. A la tragedia de la escena, se contrapone la belleza del Hombre sujeto al madero por cuatro clavos, siguiendo la moda que ha impuesto en Sevilla, el Maestro Pacheco, Un clavo sujeta cada mano al madero, mientras los pies descansan en el patibulum clavados a él, cada uno con un clavo. Pero a diferencia, de otros Cristos de la mismas época, en este Zurbaran no muestra sadismo, no se ensaña con el fiel, mostrando las huellas de las heridas de la Pasión, ya que no aparecen heridas, no aparece sangre, el cuerpo limpio, parece no haber sido objeto de la Pasión. Como si al subir a la Cruz toda la sangre hubiera desaparecido, toda tortura hubiera quedado olvidada.

        El paño de pureza blanco inmaculado, sin ninguna mancha, drapeado, barroco, ciñendo la cintura del Señor, transmitiendo el dolor que el autor no nos transmite con la ausencia de sangre, pero a la vez no transmite paz, no transmite confianza, seguridad en al victoria de una segura Resurrección, que ya esta´empezando a surgir en ese cuerpo sin heridas, sin sangre. Como un testimonio de vida, a pesar de la hora de la muerte.    

No hay comentarios:

Publicar un comentario